Sobre la pizarra sánguche de la vereda hay un papel pegado y escrito en marcador chocolate con churro. Paso nomás y tomo asiento. Ya basta de mascarada turística y mitos caricaturizados. Prefiero este bar de cocina a la vista y paredes de azulejos blancos. Imágenes de la vida inundada del boquense y también (otra vez) el transbordador Avellaneda y el paisaje desconocido sobre el que Quinquela montó Caminito. Y de barquitos al óleo todo lo que soporte la otra pared. Una obra de arte de algún obrero-pintor. Enmarcados, como tiene que ser, sonríen las estrellas locales y firman: Para los amigos de "La Chirilísima" con afecto. Se repite y autohomenajea el club xeneise en afiches y propagandas. Sobrar al rival. Para todas las gallinas, Boca bicampeón 2006. tu papá.
Lo que hay de carnaval no lo encontré en otro lado. La murga más numerosa existe y se llama Los amantes de La Boca. A metros del bar está el playón. Cartelitos de los corsos memorables y fotos de murguistas y disfrazados. Y solito, escondido tras la puerta, un volantito forrado con nylon con la imagen de uno que de lejos parece Pugliese, pero no. Es imposible acercarse a leer sin que todos los presentes lo puedan percibir. El Doctor del Pueblo. A Norberto Tordesca, ciudadano ilustre del barrio de La Boca, dirigente del Partido Comunista y médico barrial. Ciudadanos del barrio de La Boca. Y a correrse rápido que de acá entra y sale gente como si fuera esta su casa. Y todos, digo todos, saludan al entrar. A los gritos. De la cocina responden, por supuesto. Se la ve a la mesa atrás del mostrador, en el centro de la tradición. Todo alrededor, máquinas gastronómicas que ya son objetos de antigüedad, pero que acá colaboran en la preparación del plato del día, que no para de salir.
Un amigo me dijo que no va a La Boca ni de noche ni de día. No es para tanto, che. Que al final, te lo perdés.
21 de agosto de 2006
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