31 de mayo de 2007

expone María Delia


Arte Joven en Wussmann / Junio
Curadora: Laura Isola


Fernanda Cohen
Dani Dan
Sebastián Freire
María Delia Lozupone




Inauguración Miércoles 6 de junio de 2007, 19.00 hs.

Galería de Arte Wussmann
Venezuela 570 / 4343-4707 / www.wussmann.com
Buenos Aires, Argentina

15 de mayo de 2007

Ella

Ya estaba todo ordenadamente apoltronado contra el fondo de la habitación más grande. Digo “ordenadamente” porque las dos sabemos muy bien donde está tal o cual cosa y como hacer para llegar a ella. Hoy trabajamos de lo lindo con el señor Ricardo y el señor Victor, más encantadores que la flor del burucuyá. Ellos y los otros caballeros se ocuparon de la colocación de la membrana protectora para que ya no entre agua y no salgan hongos y no se siga estropeando la pared. Después van a pintar una de las habitaciones liberadas de blanco y la otra de amarillo. Me ponen muy contenta estos colores.
Necesitábamos cajas para las Bambalinas sueltas, las encuadernadas por ella misma y otros tantos librejos que por fin hallarían mejor asilo. Así como estábamos, un look combinado de albañil y dentrecasa, caminamos por el centro de Boedo, que es bien distinto de Boedo al fondo. En el mercado discontinuo nos ganamos unos piropos (con esa pinta!) del verdulero y unas cajas de leche “La suipachense” que nos vinieron de repelete. Cumplida la misión vino el recreo en el maxiquiosco. Agnese estaba adentro mientras se hacía la salchicha mientras yo la esperaba en medio de la avenida, con la docena de cartones encima. Ella se reía y yo también, aunque no se bien de qué. Me hizo entrar el antojo de un cortado bien caliente. Volvimos y terminamos la tarea antes de que se largara. De tanta polvareda ya me ardía la garganta y estuve todo el resto del día moqueando negro.
Trajimos una lata redonda, con collares. Quise quedarme con un prendedor amuleto. Es una piedra ovalada color rosa, una rodocrosita, contorneada por una guarda de metal. Si las chicas me dejan, me la quedo. Me gusta mirarla y tenerla en mi mano. Me hace acordar a ella.

4 de mayo de 2007

Ser hormiga

Abrir la ventana. Embadurnarme con la crema para la noche. Chapa y pintura. Hoy las hojas se mueren quietas y mojadas. Cuando me quedo acá me gusta jugar a que no existo. Es decir, existir, pero sin que los otros me perciban. Siempre pasa un hombre hablando solo después de las dos de la mañana. Nunca me ve. Pero yo por las dudas hago cuerpo a tierra. Una rata corre por los cables del servicio telefónico. Otra se come algo en una rama pelada. Están siempre a distancia prudencial que sino ya sabemos.
Esto es lo más parecido a ser una hormiga. Siempre soñé con volverme una hormiga para espiar. Estar en un lugar sin que los hombres y las cosas puedan verme. Ser invisible. Y en el caso de que me notaran ¿Cómo podrían darse cuenta de que una hormiga los está mirando? Y si se dieran cuenta ¿Qué importancia podría tener? Cuando tenía diecisiete años era tan poderosa la necesidad de desaparecer en ciertas ocasiones, pero sin poder irme, que fui desarrollando cierta actitud hormiga. Anteojos oscuros, sobretodo negro, mala onda. Era una hormiga hardcore. El apogeo de mi existencia hormiga. Porque además, me daba la posibilidad de ser insignificante, lo cual no era un atributo menor.
Sigue siendo una gran satisfacción volverme hormiga de vez en cuando. Sobre todo por las noches. La hormiga sale y después vuelve y se acuesta. O no sale y se va a dormir. Siempre usa la almohada más grande para los pies. Puede prescindir de la de la cabeza.