30 de abril de 2010

Alegato a favor de algo que no podemos explicar

Hace algunos años un científico italiano se puso a hablar sobre el descubrimiento de las neuronas espejo. Produjo cierta rimbombancia (como si se tratara de algo muy importante) causando revuelo en Neurociencialandia y luego fue bastante abucheado por muchos de sus congéneres. Sobre todo porque hasta hoy la existencia de estos sistemas de células en los seres humanos parece ser una afirmación provisional. Los monos sí se sabe que las tienen.

Pero bueh, parece que el sistema espejo sería responsable del mecanismo fisiológico para el acoplamiento de acción - percepción. Las neuronas espejo nos vinculan entre nosotros desde el punto de vista mental y emocional, y al ayudarnos a reconocer las acciones de otros también nos ayudan a comprender las motivaciones más profundas que las generan, sus intenciones. Nos permitirían entender la mente de los demás, no sólo a través de un razonamiento conceptual, sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando. Son una explicación neurofisiológica plausible de las formas complejas de cognición e interacción sociales. Da curiosidad imaginar cómo funcionarían ante experiencias especialmente significativas (léase arte). Aquí se las vincula con la empatía ante una experiencia estética.

Suena medio china esta teoría que admite la posibilidad de predecir las emociones de los otros, o simularlas. Pero no sirve de nada negar los lugares que a veces conquistamos al participar de ciertas experiencias estéticas. ¿Qué pasa en nuestras mentes cuando alcanzamos estados que van más allá de lo terreno?

No lo podemos explicar. Pero algo pasa.





La ciencia no por nada está poniendo hoy (que nos estamos yendo tanto por los canales que trascienden los límites espacios temporales como Internet) tanta atención a la relación entre mente y cuerpo. Es un tema del momento, un gustema si se quiere. Pero aunque moda, no viene nada mal reflexionar sobre esto. Estas mirror neurons vienen a operar con especial atracción sobre las estructuras maquínicas que nos constituyen, invitándonos a pensar de otra manera nuestra vinculación humana y nuestra recepción humana. Sobre todo humana.

Hace bastante que nuestras mentes no pueden asociarse a cajas negras herméticas. Sus mecanismos ya no son como corrientes difusas cargadas de misterio. Están comenzando a develar sus trazos, a ofrecer cierta transparencia, a mostrar cómo funcionan. Criterios de selección. Sensores más poderosos. Tecnología que acompaña. Ya lo preguntamos aquí. ¿Quién quiere persistir dentro de los márgenes tradicionales del concepto de hombre? Esto no es nada malo y no nos hace menos humanos. La metáfora del ordenador no pone en riesgo nuestro violento presente sin relojes. Todo lo contrario, diría que lo empuja cada vez más hacia toda la fibra palpable de su ser material. Como caminitos difusos aparecen las corrientes de fluídos, de energías, viajando por diferentes tipos de conectores. De rutas tenditivas. Una road movie que se expande por nuestra galaxia físico-cognitiva.



Digamos que dudamos divertidos. Que algo no se pueda comprobar no quiere decir que no exista. Somos seres maleables por naturaleza. Las maneras de vincularnos están cambiando y también los modos de comprenderlas. ¿No estamos funcionando así? Sobre todo cuando estamos bailando. Y bailar es un acontecimiento en el que están involucrados elementos que no tienen que ver con lo terreno, sino con las energías locas que nos rodean dibujando los firuletes de la trascendencia.

29 de abril de 2010

si bailamos es porque estamos bailando

Al final de la última clase mi maestra Eugenia suele poner sobre el tapete el asunto que estuvimos barrenando todo el mes, pero ahora en palabras. Fue así que nos pusimos a hablar sobre el sentido.

El sentido tiene la gran virtud de reproducirse al infinito. Ejercicio más que placentero, siempre que estamos encendidos podemos encontrar sentido.. . en lo que sea. En cualquier cosa. Y nunca es igual. Podemos leer los mismos textos dos, tres, veinte veces, y siempre vamos a encontrar algo nuevo, siempre va a ser diferente. Cualquier texto: una pintura, una peli, una novela, un espectáculo, una canción, un poema... hasta no encontrar nada durante la experiencia puede hacernos descubrir algo nuevo, así funciona la cosa. Como recorridos, como itinerarios interplanetarios cuerpo-mente-mundo físico-los otros-cosmos. Todo uno y su paisaje interior contagiado de mundo y viceversa.



Lo que me quedé con ganas de decirle es lo grandioso que es cuando estamos bailando. Puede ser cualquier sentido, no importa. Pero tiene que haber uno. Y el que mira ve sentido cuando está en el bailarín. Si esto no pasa, algo se afloja, se desenchufa, pierde interés. Tal vez ambos estaban ahí y se estaban moviendo, pero no estaban bailando.