11 de noviembre de 2007

Algunas fotos de Agnese

Dami nos sacó unas fotos el domingo pasado después de la función. Salieron lindas, pero los colores un tanto saturados.
Ayer Agne estuvo tomando estas imágenes con su flamante aparato sony. Sacó unas cuantas, pero pudo bajar solo la mitad.
Al parecer la máquina tuvo un problema en la memoria a partir del solo de Ayu.
Buaaaah!! Ñana, espero que puedas volver y sacar más fotos.























6 de noviembre de 2007

CheLA at night














La foto es de Damián Rucci


Fábrica de qué era CheLA? en la entrada dice "Manufactura de Goma y Afines" y también se dice que costó mucha plata quitarle a semejante sitio la toxicidad.
Buscando sillas me metí más y llegué hasta un patio con pastos altos, tan solo que daba lástima y ganas de quedarse.
También subí a desatar la cuerda que dejamos colgada una semana del mangrullo que está al fondo de Tapete. Me quedé un rato ahí mientras desataba nudos, mirando la porción de cielo. Las panzas de los silos, dos estrellas, los fierros para subir a la terraza. Pasó un helicóptero y pensé que si se estrolaba contra los silos yo moriría de una muerte tonta en el fondo de ese pozo absurdo, trampa para solitarios donde luchaba para que no se desatara la impaciencia. Después Paulino se entusiasmó y subió. Lo perdimos un rato luego del ensayo general y vimos que estaba otra vez con nosotros cuando ya nos habíamos empezado a preocupar. El sitio es gigante, misterioso y da miedo. Eso es innegable.

31 de octubre de 2007

Ojo volador













E S T R E N O sábado 3 de NOVIEMBRE, 21 hs.


NOVIEMBRE 07 , OCHO FUNCIONES - Sábados 21 hs. y Domingos 20 hs.
CheLA - Iguazú 451, Parque Patricios
Entrada $ 12 / estudiantes $ 10 – reservas a ojovolador@gmail.com


Con Ayelén Clavin y Renata Lozupone
Coreografía Vicky Carzoglio y Renata Lozupone
Música Courtis-Matsunaga, Mu, Mateo Amaral, Pablo Reche, Luis Marte y Yoko Ono
Diseño Gráfico María Paz Garaloces
Concepción Espacial, Iluminación y Objetos Agnese Lozupone
Realización de Vestuario Carlota Cairo
Asistencia en Sonido Bruno Luciani
Asistencia General Damián Rucci
Asistencia de Dirección Guadalupe Rodriguez
Dirección Renata Lozupone

CÓMO LLEGAR
http://chela.digitalcultures.ucla.edu/maps/closeupEN.html
colectivos que llegan: 6, 9, 25, 28 A-B-E, 32, 50, 65, 91, 101, 115, 118, 128, 133, 134, 143, 150, 160, 188.
CheLA - Iguazú 451, Parque Patricios, a 4 cuadras de Av. Caseros al 3000.

reservas / contacto ojovolador@gmail.com

Personas trabajando







































Estas imágenes son de la puesta de luces de "Ojo volador", que fue el domingo pasado. Los profesionales técnicos Agnese Lozupone y Damián Rucci hacen sus labores en las alturas mientras la primera figura Ayelén Clavin ceba unos amargos fenomenales. Guadalupe Rodriguez se hace amiga de la potencia. Cuando ya no dábamos más vino bárbaro el pic-nic sobre el tapete en el que me enteré de que la mortadela es carne de caballo (mirá vos).

25 de septiembre de 2007

Scintilla

La madre apoyó la torta en la mesa del comedor. Era un lugar chiquito y cálido. La lluvia seguía espesa, pero como hacía calor abrieron la ventana del pasillo. La menor fue la primera que la vio. Soltó un grito agudo y corto. “¡No la toquen!” dijo la madre, mientras sus nenas se abrazaban muertas de miedo y fascinación. La burbuja de fuego paseaba oronda por la sala, ingrávida y peligrosa, con sus manchas ardientes. Siguió después para el cuarto contiguo, más grande y más oscuro. Allí se fue desgajando, arrugando y apagando como una mariposa agónica. Ellas no vieron como perdía altura y ganaba rincón y ceniza. Lucecita de casi nada. Visita aventurada que no existe.

17 de septiembre de 2007

Mis verdes peludos

Quiero sacarme los zapatos y mirar dentro. Golpear el canto de los tacos gordos y duros contra el piso de madera. Con mucha fuerza. Caminando como araña. No puedo quitarme los zapatos verdes y peludos. Tan bonitos. Qué lindo es acariciarlos a contrapelo. Ajustar la tirita y andarlos cuando un día por si acaso darme el gusto de llevarlos puestos. Una vez, una noche en un cumpleaños en Palacio Los Patos. Era un departamento todo blanco, las calas, las alfombras de pelos gruesos y largos, que obligaban a arrojarse para sentir su cordón suave. Rodar para un lado y para el otro hasta cansarse y reírse en el piso.
Pero ahora me los quieren sacar mis pies que no dan más. Los zapatos verdes y peludos nunca olvidarán el vestidor blanco con el gran espejo y las interminables cajoneras de zapatos de todo tipo prolijamente guardados uno al lado del otro.
Yo me hice un cuadrito en el que dibujé las cuatro pilas de cajas. Cada caja es un cuadrado con un nombre: Vittoria, blanquita, Febo, NB, Fancy, Pinet. Abajo, el contenido: los verdes peludos, esarpines bordó, ojotas melissa, sandalias negras con plataforma ARREGLAR, guillerminas cuerina rojas, chinas dragón, botas cortas marrón, chinas azul ultramar (rotas).
Los verdes peludos se merecen salir más. Voy a hacer lo que hay que hacer para eso. Comprar una botella de alcohol puro, tirar un chorro adentro y hacerlo mojar todo el interior. Después hacer un bollo de papel de diario, alcoholizarlo bien y adentro, al fondo, apretar bien la capellada. Luego otro y otro hasta lograr una horma. Si los dejo así unos cuantos días dejarán de hacerse los estrechos.

5 de septiembre de 2007

Dr. Cetrángolo

Para ver al hombre de acento ruso con el que había hablado me tomé el 160, después el E, luego combiné con el C, ya en Retiro abordé el Mitre ramal id. (guay que casi me subo al Suarez y ahí te quería agarrar) para bajarme en la estación algo así como Catrangolo le dije al boletero, que me corrigió, risueño. Ya en esa estación fui por la rampa y seguí de largo bordeando las vías. Iba llegando a los cien metros cuando empecé a sospechar que debía haber otra forma de cruzar; volví y vi un puente por debajo. Por suerte me tocó un día de sol. Había calculado dos horas y llegué con unos minutos de ventaja.
Me abrió un hombre alto, un tanto agitado, de pelo largo blanquiamarillento y con unos cuantos dientes de oro. Casi sin hablar y en cuestión de segundos me indicó el asiento y cuando ya desaparecía le pregunto cortito y bajo “¿perdonpodriairalbaño?” y entonces me señala la puerta y nuevamente desaparece.
Terminó de atender y me hizo pasar. Fueron quince minutos. Mi fecha de nacimiento y después silencio. Unos suplesses y a la camilla. En estas experiencias es elemental que el cuerpo esté entregado. Si hay tensión se corre el riesgo de lastimarse. No me costó aflojarme y fue tal el alivio que por momentos me agarraba la risa. Hizo seis movimientos, dos en cada posición y en todos resonaron mis vértebras, desde el atlas hasta el coxis. Que haga un ejercicio en bolita con la espalda al piso, provocando un vaivén, todos los días, dos minutos. Yo cumplo.
Salí toda marioneta descangayada feliz renovada desarticulada completamente ida y ganada por el sol celeste pura delicia.

3 de septiembre de 2007

uou!

tuve el gusto haberme encontrado hoy con esta sorpresa que esperaba hacía tiempo. lástima que esa maquinita turra no acepte cualquier usb y se complique tanto gatillar. y esta otra nouvelle!
justamente sufrí una lamentable superposición de compromisos que me hicieron berrinchar un momento y que los involucra. así que espero que no sea complicado encontrar a alguien interesado en ir a ver a Café Tacuba, Arbol, No lo soporto, Estelares y demás mientras yo me voy a mi plateíta preferencial a ver al señor japonés padre del butoh con mi amigo E.
a veces las cosas hacen sus carambolas solas y con eso no podemos hacer nada!

22 de agosto de 2007

Anticipo

En una plataforma espacio-temporal acontece la bendición. El espacio, caótico e indeterminado, habla a través de dos mujeres conectadas sensiblemente. Ambas conforman un sistema vinculado directamente con el espectador. Esta unidad energética encuentra en los zapatos de ambas un centro que las organiza y controla, son dispositivos que evitan cualquier detenimiento o fuga y de los que ellas intentarán deshacerse. En su transcurso, las ansias de armonía, la lucha por la supervivencia, y la búsqueda de los impulsos naturales de la existencia conviven con una tecnología apasionadamente desregulada. El sistema no tarda en presentar sus fallas, sus consecuentes paroxismos y los síntomas de un conjunto siempre retrasado e imperfecto. Ellas sufren descargas y se recuperan con secuelas. Se exaltan, se enfrentan y trasmutan. En esta unidad funcional que no se detiene se hace imposible establecer un control. El fracaso del congelamiento se revela en un zarandeo delirante y doloroso que destruye las formas y las recupera desde una instancia anterior. Vence el desorden de las sensaciones y la bendición se revela en un mundo de condiciones múltiples.

6 de agosto de 2007

gavota

para no resbalarse
con un brazo se agarró
de la mesada
entonces
la otra mano quedó libre
se puso a practicar
una gavota
es una danza
alegre
con cabrioles
pasajes
y besos
que marcaban
la chapita
y el índice derecho
haciéndose los distraídos
los como que no quieren la cosa
igualmente
siguiendo el compás
para no rebalsarse
entre los charquitos
un juego solamente
donde refugiar
asombro
dicha
y unas cuantas
palpitaciones pasajeras
que no pasaban quizá
por la ventura
la ventura
iiiiiún
quiso voltearse
como una media
rajarse
bien adentro
hasta el esternón
dar palmaditas
de alivio
frotarse con aliento
comentar frases cortas
a un oído
que salpiquen
las yemas en abanico
respirar
que ya pasa
se calma y vuelve
a los brazos apoyados
quietos
las uñas
para mirarlos a esos
ahí siguen
los lozanos
las damiselas
de la gavota
frentes brillantes
improvisando un baile
perdido en el salón

30 de julio de 2007

Autoridades e Infancias

La 23 era de Jornada Completa, entrábamos a las ocho y salíamos a las cuatro y veinte. Algunos alumnos almorzaban en sus casas y después volvían. Los otros íbamos al Comedor, que era en el patio más grande de la Escuela. Las mesas eran unas tablas que estaban agarradas a las paredes por uno de sus lados. Cuando no se usaban estaban dobladas y enganchadas contra la pared con la única pata que tenían doblada sobre ésta. Todas juntas eran una especie de ejército de tablas de planchar, que abarcaba todo el contorno de ese patio gigante.

Para la comida nos ubicaban de a cinco en las mesas que, como dije, bordeaban todas las paredes del patio. Las cocineras, prolijamente uniformadas con cofia y delantal celeste, eran las mismas que nos servían. En el centro y en una mesa larga con caballetes, almorzaban las Maestras y la Directora. Si bien entre ellas y nosotros había una distancia conveniente, nada podía escaparse a esos ojos. Por más que quisiéramos restarles importancia, ignorarlas o desatenderlas, todos sabíamos que esas presencias estaban ahí, vigilándonos. La situación podría ejemplificar una de las formas de utilización de ese instrumento de control propio de las Instituciones de poder de la Modernidad, el panóptico.

La sensación de estar bajo la mirada de la autoridad era permanente, desde la entrada hasta la salida del recinto. Pero en este momento de la jornada teníamos una jugosa ventaja. Podíamos conversar. Salvo algún foco alborotado, en general las maestras no se levantaban de los asientos de su confortable centro de control. El patio interno de altos techos de chapa funcionaba como una gran caja de resonancia. Diariamente se nos prohibía hablar fuerte pero a los minutos estábamos todos conversando a los gritos. Entre las múltiples voces, los ruidos de los platos, los cubiertos y las sillas era tal el bullicio que se hacía imposible escuchar la conversación de la mesa de al lado. En esas circunstancias tuve mis primeras conversaciones sobre sexo. Mi compañero Julio hacía un gesto con las manos, con una como un tubito y ponía un dedo de la otra adentro. Yo le preguntaba qué era eso, porque hablaban de los padres. Decía que era un cucurucho y que adentro le ponían el helado. Pero no le creí porque se seguía riendo con los otros. No entendía nada.

La pata única de las tablas de planchar tenía que encastrarse en una ranura del piso de baldosas. Este mecanismo falló más de una vez, provocando un acontecimiento fascinante. Primero el estruendo sorpresivo, después su inevitable consecuencia. La inclinación reluciente de la rampa, una parva de vajilla rota alrededor, la comida esparcida por el piso y algún pan todavía carreteando. Los protagonistas naturalmente asustados, uno que otro accidentado, dolorido o llorando, se contraponían a las reacciones de todos los demás, unos cuantos escondiendo la boca para amenguar la carcajada y otros dejándola fluir a sus anchas sin ninguna contradicción. Estos momentos de desorden hoy los recuerdo con muchísima alegría.

Los que se portaban mal no comían en las tablas de planchar. De los cientos que éramos había un chico menudo, de ojos grandes, con muchas pecas y abundante porra negra que era un verdadero demonio. Iba dos o tres grados inferiores al mío, pero si había algún alboroto, si alguna maestra llamaba la atención o retaba a alguien casi siempre éste tenía algo que ver. Como él también iba al comedor, le tocaba almorzar en un lugar diferenciado del resto. Era colocado solo en una mesa pequeña en el centro del recinto, a metros del panóptico. Esta ubicación lo posicionaba más “a mano” de las autoridades en el caso de desobedecer o hacer algo fuera de lugar. Más de una vez presencié escarmientos notables. En una ocasión, el chico se puso a golpear su plato, que era de cerámica, con la cuchara. El sonido se hacía insoportable, las maestras le llamaban la atención con alguna agresión oral, el chico se detenía, pero al momento volvía a repetir el gesto. En uno de los golpes el plato se partió al medio, provocando una carcajada general. Algunos comenzaron a gritar, otros se levantaron y empezaron a burlarse, se armó un lío bárbaro. Pero siguió un trago amargo. Haciendo ejercicio de su poder, una de las maestras lo zamarreó violentamente, le gritó y lo golpeó. El espectáculo se volvió atroz. El chico fue agredido y humillado ante toda la Comunidad Educativa. La Autoridad demostró su poder con un brutal castigo, dando a entender a todos: “esto es lo que les sucede a los alumnos que desobedecen las reglas de la Institución”. Entonces a mí me agarró lástima y también vergüenza, mientras las maestras iban mesa por mesa pidiendo silencio con su particular estilo militar. Al rato, ya no se escuchaba más que los toques tímidos de algunos cubiertos.

17 de julio de 2007

Le seize juillet

Ayer en una vuelta me crucé con la señora que iba para el baño y me saludó y me felicitó al pasar y me preguntó si ya había pedido los deseos. Le respondí que sí que tres. Y me dijo que no que tenía que pedir muchos deseos. Entonces me pasé todo el día deseando cosas nuevas sin dejar de hacer todas las otras cosas que me había propuesto.
Me dieron muchos saludos! Me pregunto si será porque esta vez no hice ni locro ni fiesta ni reunión ni nada. A veces no se puede. No hay tiempo físico ni lugar real. Además no hace falta cumplir años para reunirse. Hay que poder reunirse. Así que simplemente lo dejo para cuando pueda.
¿Cómo se llama a las personas que cumplen años el mismo día que una? ¿Tocayos astrológicos? Supe que tengo una. Ella es una emperatriz.

10 de julio de 2007

Feriado

Nunca la había visto volar así tan clara en ningún lugar. Nunca la había vivido.
A más no poder corría el chico por la vereda de enfrente cuando llegó a la Puerta Verde. Ví con qué gusto la golpeó y le zamarreó la reja. Iba a buscar al amigo. Le gritó cuando se abría: "¡Nieve, nieve! ¡Hoy cae nieve en Capital de Buenosaires!"

4 de julio de 2007

Dama de Noche

En la reunión se comentó que había abierto la primera flor. La mujer más grande conocía su nombre. Entonces algunos dieron pequeños rebotes en el asiento y otros más bien fueron despedidos y empujados entre ellos para subir las escaleras. Antes o después, todos fueron a mirar la flor. Hubo una ronda a cielo abierto y también otra conversación sucedía, pero a esta no se le daba mucha importancia. Las cabezas apuntaban a las estrellas. Ninguna andaba haciendo aspamento de esa otra que se reclinaba y decía cosas diminutas.

1 de julio de 2007

Inmenso

se levantó
el sol ya había entrado
en la habitación
se vistió
se fue a la cocina
y amasó
vinieron los invitados
y también se pusieron a amasar
porque llegaron más temprano
que de costumbre
y luego
se despertaron
los otros habitantes de la casa
que se habían acostado muy tarde
y también fueron inmediatamente
tomados por la masa
que se estiró en círculos
de distintos tamaños
en rectángulos
de rústico relleno
uno de ellos decidió
preparar un regio pan casero
el calor del horno incendió la cocina
llegó a los corazones de todos
los que estaban sentados en la mesa
disfrutando la comida
muy pronto ardieron
se rieron
gritaron
lloraron
se desentendieron
después se abrazaron
y llegado el momento
se despidieron

30 de junio de 2007

Una historia de Fasano

El 29 de junio de 1945 María Pugliese tuvo a su cuarto hijo. Para ese entonces la familia vivía en Fasano, un pueblo de la Puglia italiana. Rutigliano, Alberobello, Ostuni, Molfetta, Fasano, eran todos pueblos muy cercanos uno del otro, como barrios, y sus habitantes los recorrían cotidianamente por caminos de almendros y olivos.
María decidió que se llamaría Pedro, nombre de su santo. Pascual, su marido, quería que se llamara Miguel como su hermano. Pero como ese día ella se había peleado con su cuñado se negó rotundamente a darle ese nombre.
Yendo con el chico a la Comuna de Fasano, Pascual se encontró con dos compañeros de las trincheras, los cuales los acompañaron gustosos al Registro. En el momento de anotarlo uno de sus amigos le dijo: “Pascual, querido, tantas cosas que compartimos juntos en la guerra ¿porqué no le ponés mi nombre también?”. Luego el otro agregó “¿Si él puede porqué yo no?”. Entonces el Secretario le preguntó “Ya que estamos todos acá ¿Porqué no lleva también el mío?”. Así fue que el chico se llamó Pedro Miguel Remo Traiano Renato.

28 de junio de 2007

enferma

Mi maestra de danza me preguntó porqué había faltado tanto y le expliqué que estuve enferma. Mientras buscaba los toc toc en su bolso y todos nos poníamos en la primera posición, comentó:
"La verdad es que cuando tenés fiebre, cuarenta grados de fiebre, bailás bárbaro. Te sentís para la mierda, pero bailás divino". Y comenzó la clase.

23 de junio de 2007

tremolando

que venga y aplaste dejarla ser a la avalancha inevitable
mandar la sonrisa craquelar a mil trescientos grados
justo debajo quedarse quietecita es una buena opción
otra sería meter la cabeza en un cacharro donde escuchar mejor
o ir desmenuzando los arranques y guardarlos ahí mismo
para que los pedazos les griten a las paredes
mientras alrededor los otros bailen el carnavalito

19 de junio de 2007

San Pedro y San Pablo

Quisiera ver de nuevo la montaña de ramas en la esquina, cada día más grande. Que hagamos un muñecote con esa mueca perfecta, la galera con el signo pesos, el hilo de baba. Las manos grandes muy bien cosidas, la sonrisa bien pro. Todo para verlo quemarse entero al tipo. Coronando el mejor momento de la fogata.

9 de junio de 2007

4AM

Sobrevino al sueño un pensamiento divino. Salí para no arrepentirme y al volver todavía estaba allí la madrugada. ¿Existió una vez en mí esta sensación tan extraña? La neblina se apoyaba en las ramas negras; el fondo colorado detenido. Y una lucecita verde reflejada sobre el ventanal; de dónde vendría. Todo eso tan hermoso para mí.

7 de junio de 2007

Festival en Medalla Milagrosa

Era un Festival Vegano Anarco Noise.
El encuentro era en un parquecito con mesas largas de caballete que formaban una U donde estábamos agrupados casi todos. En el fondo había un espacio cubierto donde preparaban el sonido para las bandas.
En las mesas había fanzines, volantes, comida casera, tés especiados y cds principalmente. En general las cosas se podían llevar con una colaboración a voluntad.
Empezaba a anochecer y a refrescar. Yo trataba de ojear las publicaciones antes de que se fuera la luz, mientras degustaba un té rojo con una muy rica porción de torta casera integral.
Me interioricé sobre algunas horrorosas cuestiones referidas a la agricultura animal. Una chica me preguntó cómo había llegado ahí. Le expliqué que en la F.L.I.A. había recibido un volante del festival que me había despertado la curiosidad.
Me sentí un poco extraña cuando le dije que yo comía carne, tal vez por la manera en que me miró (en que me miraron todos los que me escucharon), pero después pasó. Me llevé “Las Prisiones” de Kropotkin (Copyleft – Ningún derecho, ningún deber. La Propiedad es un Robo.), “Masturbación. Proceso contra la culpabilidad de las mujeres” de Jane Wallace, un folleto titulado “¿Por qué vegano?” y un “Manifiesto anti-drogas” (No destruyamos nuestros cuerpos-mentes, no destruyamos el hazlo tu mismo, no destruyamos la naturaleza. destruyamos la civilización).
El chico de la puerta me advirtió que me iba sin ver a las bandas; y bueno, todo no se puede. Preferí no salirme del plan que me había propuesto para ese día y me fui al Rojas a ver la obra de Pablo Rotemberg, “Bajo la luna de Egipto”, que estuvo excelente.
Este lugar que conocí se llama Huerta Orgazmika: orgazmika.blogspot.com y queda en Av. Eva Perón al 1900, muy cerca de la estación Medalla Milagrosa del subte "E".

31 de mayo de 2007

expone María Delia


Arte Joven en Wussmann / Junio
Curadora: Laura Isola


Fernanda Cohen
Dani Dan
Sebastián Freire
María Delia Lozupone




Inauguración Miércoles 6 de junio de 2007, 19.00 hs.

Galería de Arte Wussmann
Venezuela 570 / 4343-4707 / www.wussmann.com
Buenos Aires, Argentina

15 de mayo de 2007

Ella

Ya estaba todo ordenadamente apoltronado contra el fondo de la habitación más grande. Digo “ordenadamente” porque las dos sabemos muy bien donde está tal o cual cosa y como hacer para llegar a ella. Hoy trabajamos de lo lindo con el señor Ricardo y el señor Victor, más encantadores que la flor del burucuyá. Ellos y los otros caballeros se ocuparon de la colocación de la membrana protectora para que ya no entre agua y no salgan hongos y no se siga estropeando la pared. Después van a pintar una de las habitaciones liberadas de blanco y la otra de amarillo. Me ponen muy contenta estos colores.
Necesitábamos cajas para las Bambalinas sueltas, las encuadernadas por ella misma y otros tantos librejos que por fin hallarían mejor asilo. Así como estábamos, un look combinado de albañil y dentrecasa, caminamos por el centro de Boedo, que es bien distinto de Boedo al fondo. En el mercado discontinuo nos ganamos unos piropos (con esa pinta!) del verdulero y unas cajas de leche “La suipachense” que nos vinieron de repelete. Cumplida la misión vino el recreo en el maxiquiosco. Agnese estaba adentro mientras se hacía la salchicha mientras yo la esperaba en medio de la avenida, con la docena de cartones encima. Ella se reía y yo también, aunque no se bien de qué. Me hizo entrar el antojo de un cortado bien caliente. Volvimos y terminamos la tarea antes de que se largara. De tanta polvareda ya me ardía la garganta y estuve todo el resto del día moqueando negro.
Trajimos una lata redonda, con collares. Quise quedarme con un prendedor amuleto. Es una piedra ovalada color rosa, una rodocrosita, contorneada por una guarda de metal. Si las chicas me dejan, me la quedo. Me gusta mirarla y tenerla en mi mano. Me hace acordar a ella.

4 de mayo de 2007

Ser hormiga

Abrir la ventana. Embadurnarme con la crema para la noche. Chapa y pintura. Hoy las hojas se mueren quietas y mojadas. Cuando me quedo acá me gusta jugar a que no existo. Es decir, existir, pero sin que los otros me perciban. Siempre pasa un hombre hablando solo después de las dos de la mañana. Nunca me ve. Pero yo por las dudas hago cuerpo a tierra. Una rata corre por los cables del servicio telefónico. Otra se come algo en una rama pelada. Están siempre a distancia prudencial que sino ya sabemos.
Esto es lo más parecido a ser una hormiga. Siempre soñé con volverme una hormiga para espiar. Estar en un lugar sin que los hombres y las cosas puedan verme. Ser invisible. Y en el caso de que me notaran ¿Cómo podrían darse cuenta de que una hormiga los está mirando? Y si se dieran cuenta ¿Qué importancia podría tener? Cuando tenía diecisiete años era tan poderosa la necesidad de desaparecer en ciertas ocasiones, pero sin poder irme, que fui desarrollando cierta actitud hormiga. Anteojos oscuros, sobretodo negro, mala onda. Era una hormiga hardcore. El apogeo de mi existencia hormiga. Porque además, me daba la posibilidad de ser insignificante, lo cual no era un atributo menor.
Sigue siendo una gran satisfacción volverme hormiga de vez en cuando. Sobre todo por las noches. La hormiga sale y después vuelve y se acuesta. O no sale y se va a dormir. Siempre usa la almohada más grande para los pies. Puede prescindir de la de la cabeza.

24 de abril de 2007

local 11

Esa mañana entrar a la galería de la calle Sarmiento fue como meterse en una cueva porque se había cortado la luz. Afuera dejaba al frío y a la lluvia que seguían sin ánimo de parar. La penumbra mostraba a los localitos cerrados y vacíos. Alguna linterna aquí, una lucecita allá. Y cuando ya me resignaba a no encontrarlo percibo que el local once (que se me hace que es el más pequeño de todos los de la galería) gozaba de una notable claridad. Fue entonces que vi al capitán del tiempo bogando en su infaltable grilla diaria, a plena luz de vela. Una sobre su escritorio. Otras tres en la vitrina. Una más en el mostrador. Cada una apoyada en una tapita de reloj, suerte de caparazón metálico que cayó del revés. Detrás de la mesa falsa asomaba su sonrisa aguda. En ese ambiente tranquilo, cálido e íntimo compartimos un café y una breve conversación sobre generadores de luz eléctrica y asuntos triviales de actualidad. Nos indignamos no sin humor de lo mal que anda el mundo y llegado el momento fraccionamos el diario, él se quedó con el cuerpo principal y yo me llevé todos los suplementos y el programa de la feria del libro. No nos interrumpió ningún cliente. Sí sonó el cucú.
El capitán del tiempo siempre gozó de desafiar cualquier circunstancia que altere el curso normal de las cosas. Por factores humanos, del tiempo mismo o de lo que sea. Pero no con pretensión heroica ni por capricho. Por diversión. Vive los imprevistos como juegos. Lo que para otros puede convertirse en un momento difícil o molesto para él es una nueva posibilidad de resolver un problema. ¿Acaso renunciaría a su claringrilla porque se cortó la luz? Sería una pérdida y tal vez de la de este día no se olvide fácilmente.

31 de marzo de 2007

Sábados

Me fui a pasear por Costanera Sur porque había un sol irresistible. Caminar para no pensar en nada. Que los patos hagan lo suyo de mí. En la mitad del recorrido se me rompió la ojota. Qué gran invento la ojota. El ojal del medio había arrancado todo un pedazo de la suela que, comprobé, no daba para más. No importó ni hubo que parar, ya se me iba a ocurrir algo. No tenía ganas de pensar en eso y seguí caminando descalza. Nunca había andado por ahí. O tal vez sí pero me olvidé. Eran casi las seis y la sombra ya me llegaba a la nuca. Me acerqué a un carrito y le pedí al chico que atendía una cuerda o un alambre para arreglar mi ojota. Me preguntó si tenía que caminar mucho y le dije que no, sólo hasta la parada del 126. A veces hay accidentes que nos alteran los planes. Nos reímos un rato mientras se inventaba algo con una bolsa rota que finalmente funcionó muy bien.
Eso fue hace una semana. Para hoy, cumpleaños. Preparé unas madalenas de banana y canela. Las voy a envolver en una bolsa de papel celofán y la voy a cerrar con una cabeza de tigre de tela amarilla y bordada que acabo de comprar en una casa china. Es ya una noche para zapato cerrado.

19 de marzo de 2007

La Mugre

Así como doña Carlota no puede agarrar un lápiz y que no le salgan pajaritos yo no puedo llegar al domingo y no comerme un regio plato de pasta con tuco, con los lozupones. Te acordás de la carne que comíamos en "La Mugre"? me dijo un tenedor que se me venía a la boca con un trozo de satisfacción.
Quedaba en Chiclana y Av. La Plata, pero no íbamos todos los domingos. Ni bien tomábamos asiento se acercaba una vieja flaca y menuda, con un plato de albóndigas con tuco. Servía también otra mujer, gorda, igual de enana, rulosa y con los labios pintados. Y detrás de la barra siempre estaba un hombre con delantal, de bigotes y pelo revueltos. La familia se trataba a las patadas con mucha naturalidad aunque no se les entendían las malas palabras porque hablaban en dialecto.
Comer en ese lugar de techos altos con telarañas y manchas de humedad era muy barato, siempre se llenaba e incluso se juntaba gente a esperar su sitio en alguna de sus largas mesas de madera. De repente y sin saber bien cómo, porque el clima era verdaderamente caótico, un plato de fideos venía a estrellarse justo delante de uno. Qué manera de tratar a esa desgracia incomparable. Porque la verdad es que el plato único de "La Mugre" no tenía parangón.
Y yo no me lamento porque hoy, como tantas otras veces, un bocado cualquiera me lo regresa así como si nada.

13 de marzo de 2007

Bailar


A ver. Somos "estas dos minas" (como dice Vicky) con el espejo, que nos muestra lo que no es y si nos gusta o si no. Y si bien ya nos estamos haciendo amigos no se parece, ni de lejos, a una mirada. Es otra cosa. Es un rebote referente obsesionante. Pero ayuda sin duda. Es crucial dentro de la incubadora. Pero hay que controlarse porque genera adicción.
Hace unos días vino Die, con su gran ojo. Gracias a Dié! Los bailes andan atacando y lisergiándose con nuevas cosas que pasan.
Está sucediendo lo que habíamos pensado en un principio, trabajar el movimiento como construcción de "material en blanco" sobre el que luego se imprimirán ritmos, impulsos e intenciones. Sentidos. Pero no "un" sentido.
Entonces hablamos de que el bailarín tiende a buscar y ocuparse de la forma, mientras que el actor se deja atravesar por las fuerzas de lo que sucede pero no controla sus movimientos. Están los dos ahí luchando. Las dos minas están luchando. Están jugando. Está divertido todo esto. Mirá cuando lo amueblemos. ¿Cuántos lugares podrán hablar algún día? Será preciso caminar mucho. Me encanta caminar!
Este filo es uno de los aspectos que más me interesan de la danza. El equilibrio entre control y libertad, técnica y riesgo. Y en algún sentido, forma y contenido. Sobre esta premisa encontré interesantes reflexiones de Ana Itelman en "Archivo Itelman". Y también encontré esta foto vieja de Valeska Gert. Está como suspendida en un sueno y a la vez está muy presente en esa posición. Hace anos que la miro y me resulta de un equilibrio maravilloso. Y siento que lo que está en equilibrio es una pregunta.

9 de marzo de 2007

Chez Ari

Vengo de andar cantando por la calle Oliden, "questa vita che volevo dare a te l'hai sbriciolata tra le dita", es una parte del clásico "L’appuntamento", de Ornella Vanoni. Llego y suelto todo lo que tenía agarrado. Un café y el regio regusto de unos diálogos conmigo. La araña no tiene la culpa de resultarme tan horrorosa. Habría que ver qué le pasaría si se mirara al espejo. Qué idea tonta mirarse al espejo. En ciertas ocasiones puede ser contraproducente. Pero no la luna. Esta gata se llama Luna pero en realidad podría llamarse Calipso o Amaltea, por ser tan de otro planeta. O tal vez Araña. Pero no. Gato. No soy gato, soy gata, dice Luna. Para mí ella también se quedó con ganas de conocer tu chart.

18 de febrero de 2007

Laninópolis

En algún momento el reloj pulsera desapareció y no lo pude encontrar hasta la vuelta. Qué cosa las cosas cómo se quedan donde se les da la gana. No quiso prestarse quizá. Se apichonó con tantas bandurrias y teros alrededor. Acampé frente al cerro Los Ángeles, en Bahía II, para subir al Chivo después del amanecer. Bien empinadito resultó. Casi en el límite entre bosque y roca, hasta donde me dejaron subir, aparecían los secretos. Los zapatitos de duende, los amancay, las frutillas. El vuelo oblicuo de las avispas y tantas pero tantas mariposas. Para no lastimarme los meniscos en el descenso, no hubo mejor técnica que la del culopatín. Fueron un hallazgo las criollitas con chocolate amargo de postre, mientras el fuego iba ganando su inusual lugar. Mirar el fuego. Pero tuvo que morir en la gloria porque ya estábamos para irnos a dormir. Buenas noches y gracias, astronave cometa. No sabía que podías ser tan claro. En Ecufué, que quiere decir cascada del diablo, encontré tierra amarilla. Camino de población Aila mucha caña, liebres, más mechay y rosa mosqueta, lagartijas ahí donde crujían las hojas y auténticos pájaros locos. Después Laguna Verde y el camino del Escorial, todo de suelo negro. Quise recoger arena volcánica del mismo Achen Niyeu, hasta que se metió una araña en la bolsa y me asusté. Mejor de lejos las arañas.
Frente a la plaza de Junín de los Andes hay un polirrubro, como un kiosco con muchas cosas útiles y algunas rarezas. En una caja encontré un libro de Ediciones de La Flor, Cuento N° 1 de Eugene Ionesco, con ilustraciones de Juan Marchesi. Yo lo había leído varias veces cuando era chica y volver a abrirlo fue como si se hubiera ejecutado un golpe de gong en mi caja torácica. Pagué los tres pesos que valía y me fui a la casa de María Cahuin para que vayamos a juntar arcilla al parque Vía Cristi (o Vía Crisis, como le decía Tato Corte). En realidad hay buena arcilla en toda la provincia. Lo que sucede es que hay que saber donde está. Así que con una pala llenamos dos grandes bolsas y después dejamos unas monedas en una plantita que había al lado, como hay que hacer.