30 de julio de 2007

Autoridades e Infancias

La 23 era de Jornada Completa, entrábamos a las ocho y salíamos a las cuatro y veinte. Algunos alumnos almorzaban en sus casas y después volvían. Los otros íbamos al Comedor, que era en el patio más grande de la Escuela. Las mesas eran unas tablas que estaban agarradas a las paredes por uno de sus lados. Cuando no se usaban estaban dobladas y enganchadas contra la pared con la única pata que tenían doblada sobre ésta. Todas juntas eran una especie de ejército de tablas de planchar, que abarcaba todo el contorno de ese patio gigante.

Para la comida nos ubicaban de a cinco en las mesas que, como dije, bordeaban todas las paredes del patio. Las cocineras, prolijamente uniformadas con cofia y delantal celeste, eran las mismas que nos servían. En el centro y en una mesa larga con caballetes, almorzaban las Maestras y la Directora. Si bien entre ellas y nosotros había una distancia conveniente, nada podía escaparse a esos ojos. Por más que quisiéramos restarles importancia, ignorarlas o desatenderlas, todos sabíamos que esas presencias estaban ahí, vigilándonos. La situación podría ejemplificar una de las formas de utilización de ese instrumento de control propio de las Instituciones de poder de la Modernidad, el panóptico.

La sensación de estar bajo la mirada de la autoridad era permanente, desde la entrada hasta la salida del recinto. Pero en este momento de la jornada teníamos una jugosa ventaja. Podíamos conversar. Salvo algún foco alborotado, en general las maestras no se levantaban de los asientos de su confortable centro de control. El patio interno de altos techos de chapa funcionaba como una gran caja de resonancia. Diariamente se nos prohibía hablar fuerte pero a los minutos estábamos todos conversando a los gritos. Entre las múltiples voces, los ruidos de los platos, los cubiertos y las sillas era tal el bullicio que se hacía imposible escuchar la conversación de la mesa de al lado. En esas circunstancias tuve mis primeras conversaciones sobre sexo. Mi compañero Julio hacía un gesto con las manos, con una como un tubito y ponía un dedo de la otra adentro. Yo le preguntaba qué era eso, porque hablaban de los padres. Decía que era un cucurucho y que adentro le ponían el helado. Pero no le creí porque se seguía riendo con los otros. No entendía nada.

La pata única de las tablas de planchar tenía que encastrarse en una ranura del piso de baldosas. Este mecanismo falló más de una vez, provocando un acontecimiento fascinante. Primero el estruendo sorpresivo, después su inevitable consecuencia. La inclinación reluciente de la rampa, una parva de vajilla rota alrededor, la comida esparcida por el piso y algún pan todavía carreteando. Los protagonistas naturalmente asustados, uno que otro accidentado, dolorido o llorando, se contraponían a las reacciones de todos los demás, unos cuantos escondiendo la boca para amenguar la carcajada y otros dejándola fluir a sus anchas sin ninguna contradicción. Estos momentos de desorden hoy los recuerdo con muchísima alegría.

Los que se portaban mal no comían en las tablas de planchar. De los cientos que éramos había un chico menudo, de ojos grandes, con muchas pecas y abundante porra negra que era un verdadero demonio. Iba dos o tres grados inferiores al mío, pero si había algún alboroto, si alguna maestra llamaba la atención o retaba a alguien casi siempre éste tenía algo que ver. Como él también iba al comedor, le tocaba almorzar en un lugar diferenciado del resto. Era colocado solo en una mesa pequeña en el centro del recinto, a metros del panóptico. Esta ubicación lo posicionaba más “a mano” de las autoridades en el caso de desobedecer o hacer algo fuera de lugar. Más de una vez presencié escarmientos notables. En una ocasión, el chico se puso a golpear su plato, que era de cerámica, con la cuchara. El sonido se hacía insoportable, las maestras le llamaban la atención con alguna agresión oral, el chico se detenía, pero al momento volvía a repetir el gesto. En uno de los golpes el plato se partió al medio, provocando una carcajada general. Algunos comenzaron a gritar, otros se levantaron y empezaron a burlarse, se armó un lío bárbaro. Pero siguió un trago amargo. Haciendo ejercicio de su poder, una de las maestras lo zamarreó violentamente, le gritó y lo golpeó. El espectáculo se volvió atroz. El chico fue agredido y humillado ante toda la Comunidad Educativa. La Autoridad demostró su poder con un brutal castigo, dando a entender a todos: “esto es lo que les sucede a los alumnos que desobedecen las reglas de la Institución”. Entonces a mí me agarró lástima y también vergüenza, mientras las maestras iban mesa por mesa pidiendo silencio con su particular estilo militar. Al rato, ya no se escuchaba más que los toques tímidos de algunos cubiertos.

17 de julio de 2007

Le seize juillet

Ayer en una vuelta me crucé con la señora que iba para el baño y me saludó y me felicitó al pasar y me preguntó si ya había pedido los deseos. Le respondí que sí que tres. Y me dijo que no que tenía que pedir muchos deseos. Entonces me pasé todo el día deseando cosas nuevas sin dejar de hacer todas las otras cosas que me había propuesto.
Me dieron muchos saludos! Me pregunto si será porque esta vez no hice ni locro ni fiesta ni reunión ni nada. A veces no se puede. No hay tiempo físico ni lugar real. Además no hace falta cumplir años para reunirse. Hay que poder reunirse. Así que simplemente lo dejo para cuando pueda.
¿Cómo se llama a las personas que cumplen años el mismo día que una? ¿Tocayos astrológicos? Supe que tengo una. Ella es una emperatriz.

10 de julio de 2007

Feriado

Nunca la había visto volar así tan clara en ningún lugar. Nunca la había vivido.
A más no poder corría el chico por la vereda de enfrente cuando llegó a la Puerta Verde. Ví con qué gusto la golpeó y le zamarreó la reja. Iba a buscar al amigo. Le gritó cuando se abría: "¡Nieve, nieve! ¡Hoy cae nieve en Capital de Buenosaires!"

4 de julio de 2007

Dama de Noche

En la reunión se comentó que había abierto la primera flor. La mujer más grande conocía su nombre. Entonces algunos dieron pequeños rebotes en el asiento y otros más bien fueron despedidos y empujados entre ellos para subir las escaleras. Antes o después, todos fueron a mirar la flor. Hubo una ronda a cielo abierto y también otra conversación sucedía, pero a esta no se le daba mucha importancia. Las cabezas apuntaban a las estrellas. Ninguna andaba haciendo aspamento de esa otra que se reclinaba y decía cosas diminutas.

1 de julio de 2007

Inmenso

se levantó
el sol ya había entrado
en la habitación
se vistió
se fue a la cocina
y amasó
vinieron los invitados
y también se pusieron a amasar
porque llegaron más temprano
que de costumbre
y luego
se despertaron
los otros habitantes de la casa
que se habían acostado muy tarde
y también fueron inmediatamente
tomados por la masa
que se estiró en círculos
de distintos tamaños
en rectángulos
de rústico relleno
uno de ellos decidió
preparar un regio pan casero
el calor del horno incendió la cocina
llegó a los corazones de todos
los que estaban sentados en la mesa
disfrutando la comida
muy pronto ardieron
se rieron
gritaron
lloraron
se desentendieron
después se abrazaron
y llegado el momento
se despidieron