4 de marzo de 2010

Kamishibai edición Bicentenario

Durante todos los sábados de marzo el Club Argentino de Kamishibai presentará un kamishibai colectivo en el Pabellón Bicentenario, ubicado en Parque Tres de Febrero, Av. del Libertador 3600.


EL BIDENTE DEL BICENTENARIO

Visiones del Bicentenario por un Gliptodonte de papel

Sábados 6, 13, 20 y 27 de marzo a las 17.30 hs.
GRATIS

"Hace muchos miles de años alguien tuvo el don de la profecía, y ustedes hoy van a conocer esas visiones. Las visiones que uno de los animales más gigantescos que recorrió nuestras Pampas avizoró entrecerrando los ojos en un paisaje, en ese momento exuberante y tropical. El Gliptodonte, ese ser con caparazón de plaquitas hexagonales que tanto entusiasmó al sabio Florentino Ameghino, es nuestro protagonista, el augur de esta historia. Hace 10.000 años o más, en el esplendor de la Era Cuaternaria, uno de estos gigantes herbívoros de las Pampas vio pasar por su mente una serie de felices alucinaciones, con algunas imágenes perturbadoras, hoy ya familiares."





PARTICIPAN
Delius Lozupone, Rafael Cippolini, Masao, Diego Posadas, María Eva Blotta, Renata Lozupone, Lux Lindner, Susana Szwarc, Sergio Pángaro, Pablo Fusco, Liliana Lukin, Gustavo Schwartz, Damián Blas Vives, Nicolás Prior y Amalia Sato.


20 de febrero de 2010

Introducción fallida para un trabajo académico (algo así como un insecto decapitado)

La academia...
La academia...
Es buena, a veces un tanto ploma la academia, pero necesaria.

Ahora que estoy por presentar el trabajo que me hará terminar mi carrera como Dios manda, eso que se llama 'tesina', empiezo a entender de qué se trata: un MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA DESAPRENDER.



Cuando empecé a escribir este trabajo, lo hice a partir de un conflicto y de las curiosas impresiones que se fueron construyendo en mi mente a partir de la relación entre una obra de la que participé (hace unos cuantos años) y de sus espectadores.

El conflicto tenía que ver con un tema viejo ya, sobre cómo es recibido 'el teatro' y cómo es recibida 'la danza' en la Ciudad de Buenos Aires. Ambas disciplinas (si es que podemos continuar concibiéndolas separadas) vienen cargando, desde que nuestra grandiosa civilización las adoptó, con sus respectivas espadas de Damocles. Me explico. El teatro sigue estando determinado por un texto dramático concebido a priori (una especie de papá legitimador). La danza sigue padeciendo, por su parte, la exigencia de tener siempre algo que representar.




Son afirmaciones demasiado extremas, por supuesto. Demasiado totalitarias para esta época tan líquida, en la que nada parece estar aislado del todo, en la nos tomamos las cosas de manera que no nos afecten, como si todo se hubiera vuelto un tanto inofensivo. Pero extremar tales situaciones resultó una buena estrategia para llegar al fondo de la cuestión. Las preguntas tenían que ver con cómo es que ciertas experiencias escénicas son recibidas y con los mecanismos que presentan en forma implícita para que se participe de ellas de una manera en especial. Todo el asunto fue configurando entonces un territorio de indagación sobre estas estrategias generalmente inconscientes e involuntarias, y dando forma, en cada caso, a paquetes de instrucciones o pistas tácitas de los más diversos tipos (ambiguas, trasparentes, irónicas, caóticas, violentas, imperceptibles, maravillosas...).

Las coloridas impresiones que me fueron encendiendo el seso sobre estos asuntos se originaron durante el proceso de creación del espectáculo Decidí Canción, de Gustavo Tarrío. Luego aparecieron también en un montón de otras obras que tuve el gusto de presenciar y que fueron incluidas en el trabajo.



Lo que hoy puedo percibir es que, en todos estos casos, se trata (como mencioné), de pequeños instructivos para desaprender, de dispositivos que apuntan a que el espectador se vacíe, se desprograme, se sumerja en cada experiencia como una especie de surfer amateur.

Esta introducción no formará parte del trabajo que voy a presentar en la bendita academia. Por eso hice la tesina. Porque es como un insecto que perdió la cabeza y en la aventura de su recuperación trazó un pequeño itinerario de preguntas y observaciones que integran el texto y que, como si esto fuera poco, dio cabida a nuevas preguntas. Todavía no la encontró ¿alguien la vio por algún lado?


las fotos son de Beto, del Mantis y de Agnese Lozupone

variaciones exaltadas en el Hotel Alfar devenido consorcio de propietarios / empresa recuperada

Un shot de piruetas para inyectarle al espacio un arrebatamiento que lo expande o lo vuelve aproximativo, como un ataque de verborragia física. Ansia de frotamiento, de batido, de cohesión tangible, invisible. Rayar el suelo amable, deslizarse. Un gusto por girar y girar y cumplir con un rastro, trazar una arruga, soltar líneas que se esfuman. Ni bien nacieron ya fueron a acabarse.

27 de octubre de 2009

Ojo volador en el Ciclo Verdedanza

En el marco del Ciclo Verdedanza 2009 presentaremos Ojo volador en programa compartido con Deshabitados de Silvia Brunelli.

Sábados 14 y 28 de noviembre, 19 hs.
Viernes 4 de diciembre, 20 hs.


P R O G R A M A C O M P A R T I D O

OJO VOLADOR. Con Ayelén Clavin y Renata Lozupone.
Música: Alan Courtis, Mateo Amaral, Pablo Reche y Luis Marte.
Iluminación: Agnese Lozupone. Asistencia de Dirección: Fernanda Alonso.
Coreografía: Vicky Carzoglio, Ayelén Clavin y Renata Lozupone.
Dirección: Renata Lozupone.

DESHABITADOS. Coreografía: Antonio Morales,
María Virginia Ribera, Martha Martínez Torres, Silvia Brunelli.
Idea y Dirección: Silvia Brunelli.



Complejo Cultural Chacra de los Remedios
Av. Directorio y Lacarra - Pque Avellaneda
ESPACIO TAMBO - 4671 2220

>>> Entrada libre y gratuita
>>> Se suspende por lluvia





Y en exclusiva una reseña de Ale Cosin sobre la obra.

La danza tiene estas ocasiones en las que como espectadores nos parece estar frente a una poetización de nuestros estados de ánimo, o podríamos decir de nuestros estados de ser/estar, como interpretaciones más que metáforas (tropos lingüísticos éstas, que no siempre se adecuan a explicar lo que pretende un artista con su cuerpo: son comparaciones o una suplantación asociativa, si no vivencias nuevas)
Y Ojo Volador da cuenta en su desarrollo de la alegría que nos está costando conseguir, esos momentos claros de contenta relajación. Es una pieza que no habla sobre una relación definida, o sobre una época particular, y así entonces nos permite percibir su transcurrir como si estuviera interpelándonos individualmente desde esas violencias cotidianas, desde esas búsquedas frenéticas y a veces incongruentes de la libertad y el control, y también desde la simpleza del deseo puesto en marcha -cualquier deseo, como el de moverse-. Tiene momentos en los que el sonido (música ruidista de compositores argentinos contemporáneos) parece prepararnos para una escena densa desde lo narrativo, y sin embargo se ven dos muchachas bailar desaforadamente felices tan sólo por estar bailando, como si lo estuvieran haciendo en una fiesta familiar. Y otros momentos en los que la competencia entre las dos es tan cruenta que provocan la toma de partido, y quisiéramos que cambiaran el sentido. Pero nada es tan obvio como para que aburrirnos.

Ojo Volador está construída muy simplemente e interpretada eficazmente, entre cuadros que fluyen junto a la música y a la iluminación (ricamente presente), servidos de una danza acrobática y a la vez femenina, basada en la tensión/relajación pero nunca en el descanso. También se acompañan con objetos que motivan la relación y el movimiento (cambiando dinámicas y dimensiones) pero que pierden su función obvia, como restos de una fábrica abandonada (donde estrenaron el año pasado) y sobre todo zapatos con taco, un poco toscos, que las llevan a situaciones contrapuestas.


ALEJANDRA COSIN, julio 2008







las fotos son de Agnese Lozupone