29 de abril de 2010

si bailamos es porque estamos bailando

Al final de la última clase mi maestra Eugenia suele poner sobre el tapete el asunto que estuvimos barrenando todo el mes, pero ahora en palabras. Fue así que nos pusimos a hablar sobre el sentido.

El sentido tiene la gran virtud de reproducirse al infinito. Ejercicio más que placentero, siempre que estamos encendidos podemos encontrar sentido.. . en lo que sea. En cualquier cosa. Y nunca es igual. Podemos leer los mismos textos dos, tres, veinte veces, y siempre vamos a encontrar algo nuevo, siempre va a ser diferente. Cualquier texto: una pintura, una peli, una novela, un espectáculo, una canción, un poema... hasta no encontrar nada durante la experiencia puede hacernos descubrir algo nuevo, así funciona la cosa. Como recorridos, como itinerarios interplanetarios cuerpo-mente-mundo físico-los otros-cosmos. Todo uno y su paisaje interior contagiado de mundo y viceversa.



Lo que me quedé con ganas de decirle es lo grandioso que es cuando estamos bailando. Puede ser cualquier sentido, no importa. Pero tiene que haber uno. Y el que mira ve sentido cuando está en el bailarín. Si esto no pasa, algo se afloja, se desenchufa, pierde interés. Tal vez ambos estaban ahí y se estaban moviendo, pero no estaban bailando.

18 de marzo de 2010

Incursión experiencial a la Historia Universal de la Danza

Me peleo fiero con la danza cuando le cuesta entender que cualquier cosa puede serlo. Pero después de participar en la conferencia de Xavier Le Roy y Marten Spangberg en las III Jornadas de Investigación en Danza del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA, en noviembre del año pasado, sentí que la danza hoy está saltando en una pata. Fue una charla realmente especial en la que tales señores se expresaron primeramente sobre las formas en las que les interesa trabajar.

Comenzaron presentando la propuesta Proyect, refiriéndose a sus 'principios', pero un poco desconfiados del concepto. El primero sería que todo es negociable. Se trata de usar o producir juegos que puedan generar coreografía, en lugar de pensar en componer movimiento o improvisar sobre un tema, o elegir música e intentar traducirla. Pensar un juego, en sus reglas, en cómo éstas lo hacen funcionar y en la relación entre estos juegos y el espectador. El segundo principio trata sobre el trabajo grupal y apunta a investigar el modo en que el grupo trabaja conjuntamente, e intentar escapar a modos establecidos de trabajar en grupo. Estos dos principios me parecieron bastante naturales, conocidos y válidos; por lo que, como muchos de los presentes, adherí sin más a ellos. Esta declaración de principios no fue para mí lo más importante de la conferencia.

Más que nada, disfruté mucho del humor y del entusiasmo de estos dos creadores al expresar sus ideas novedosas de tan universales, tal vez un poco olvidadas de tan esenciales.

QUIERO TOCARLOS

trabajamos porque no nos queda otra, no podemos no trabajar en comunidad.

¿politica? ¿ideología? lo que quiera que sea 'proyect' importa.

En plena perorata sobre el atiborrado tema de 'la obra', Spanberg puso sobre el tapete La caza del snark de Lewis Carroll. El snark está donde no sabemos donde es. Es UN MAPA EN BLANCO. Un ir hacia un incondicional. Interesante noción de performance. Compartir con el público el no saber claramente a dónde va a ir a compartir ese no saber. La dirección, dijo, puede ser como un timón. A veces invita al hacer, a veces a deshacer.

Quiero tocarlos, arriesgó después cuando el clima ya se había homologado, balbuceando un castellano cálido y deforme. Entonces, presentó el INPEX, que es una publicación sobre danza que lleva adelante hace un buen tiempo en Estocolmo, y lo repartió entre todos. Luego agarró una bolsa enorme con veinte ejemplares de un libro plateado de 1000 páginas, una especie de coreografía, una Historia de la Danza Sueca. Sueca o Argentina, la Nación es una noción muy interesante de surfear, aclaró. Y fue así que nos invitó a todos a jugar a partir de los 18 libros que le quedaban en la bolsa (dos de los veinte que trajeron fueron donados al IUNA). Propuso directamente una avalancha, la manera de apropiarse de algo es cagarla entregándole tu cuerpo. Y como yo estaba muy feliz en primera fila, fue fácil llegar hasta la bolsota, pero pronto tenía unos cuantos encima y tuve que pelear bastante por el mío. Fue una avalancha de verdad!! Todos estaban bastante excitados y yo gritaba ANARQUÍA!!... Una verdadera locura, con violencia academicista, pero por suerte nadie salió lastimado.




Y yo ahora estoy muy feliz de tener mi INPEX y sobre todo de contar con un ejemplar de la Historia Universal de la Danza. Me siento una privilegiada, como si me hubiera ganado un trofeo. Debe ser porque para que sea mío tuve que poner el cuerpo. Ahora me queda aprender inglés nomás.




4 de marzo de 2010

Kamishibai edición Bicentenario

Durante todos los sábados de marzo el Club Argentino de Kamishibai presentará un kamishibai colectivo en el Pabellón Bicentenario, ubicado en Parque Tres de Febrero, Av. del Libertador 3600.


EL BIDENTE DEL BICENTENARIO

Visiones del Bicentenario por un Gliptodonte de papel

Sábados 6, 13, 20 y 27 de marzo a las 17.30 hs.
GRATIS

"Hace muchos miles de años alguien tuvo el don de la profecía, y ustedes hoy van a conocer esas visiones. Las visiones que uno de los animales más gigantescos que recorrió nuestras Pampas avizoró entrecerrando los ojos en un paisaje, en ese momento exuberante y tropical. El Gliptodonte, ese ser con caparazón de plaquitas hexagonales que tanto entusiasmó al sabio Florentino Ameghino, es nuestro protagonista, el augur de esta historia. Hace 10.000 años o más, en el esplendor de la Era Cuaternaria, uno de estos gigantes herbívoros de las Pampas vio pasar por su mente una serie de felices alucinaciones, con algunas imágenes perturbadoras, hoy ya familiares."





PARTICIPAN
Delius Lozupone, Rafael Cippolini, Masao, Diego Posadas, María Eva Blotta, Renata Lozupone, Lux Lindner, Susana Szwarc, Sergio Pángaro, Pablo Fusco, Liliana Lukin, Gustavo Schwartz, Damián Blas Vives, Nicolás Prior y Amalia Sato.


20 de febrero de 2010

Introducción fallida para un trabajo académico (algo así como un insecto decapitado)

La academia...
La academia...
Es buena, a veces un tanto ploma la academia, pero necesaria.

Ahora que estoy por presentar el trabajo que me hará terminar mi carrera como Dios manda, eso que se llama 'tesina', empiezo a entender de qué se trata: un MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA DESAPRENDER.



Cuando empecé a escribir este trabajo, lo hice a partir de un conflicto y de las curiosas impresiones que se fueron construyendo en mi mente a partir de la relación entre una obra de la que participé (hace unos cuantos años) y de sus espectadores.

El conflicto tenía que ver con un tema viejo ya, sobre cómo es recibido 'el teatro' y cómo es recibida 'la danza' en la Ciudad de Buenos Aires. Ambas disciplinas (si es que podemos continuar concibiéndolas separadas) vienen cargando, desde que nuestra grandiosa civilización las adoptó, con sus respectivas espadas de Damocles. Me explico. El teatro sigue estando determinado por un texto dramático concebido a priori (una especie de papá legitimador). La danza sigue padeciendo, por su parte, la exigencia de tener siempre algo que representar.




Son afirmaciones demasiado extremas, por supuesto. Demasiado totalitarias para esta época tan líquida, en la que nada parece estar aislado del todo, en la nos tomamos las cosas de manera que no nos afecten, como si todo se hubiera vuelto un tanto inofensivo. Pero extremar tales situaciones resultó una buena estrategia para llegar al fondo de la cuestión. Las preguntas tenían que ver con cómo es que ciertas experiencias escénicas son recibidas y con los mecanismos que presentan en forma implícita para que se participe de ellas de una manera en especial. Todo el asunto fue configurando entonces un territorio de indagación sobre estas estrategias generalmente inconscientes e involuntarias, y dando forma, en cada caso, a paquetes de instrucciones o pistas tácitas de los más diversos tipos (ambiguas, trasparentes, irónicas, caóticas, violentas, imperceptibles, maravillosas...).

Las coloridas impresiones que me fueron encendiendo el seso sobre estos asuntos se originaron durante el proceso de creación del espectáculo Decidí Canción, de Gustavo Tarrío. Luego aparecieron también en un montón de otras obras que tuve el gusto de presenciar y que fueron incluidas en el trabajo.



Lo que hoy puedo percibir es que, en todos estos casos, se trata (como mencioné), de pequeños instructivos para desaprender, de dispositivos que apuntan a que el espectador se vacíe, se desprograme, se sumerja en cada experiencia como una especie de surfer amateur.

Esta introducción no formará parte del trabajo que voy a presentar en la bendita academia. Por eso hice la tesina. Porque es como un insecto que perdió la cabeza y en la aventura de su recuperación trazó un pequeño itinerario de preguntas y observaciones que integran el texto y que, como si esto fuera poco, dio cabida a nuevas preguntas. Todavía no la encontró ¿alguien la vio por algún lado?


las fotos son de Beto, del Mantis y de Agnese Lozupone