25 de mayo de 2011

La india de Perlotti y el sistema tonal reichiano


Hace poco fui a un museo donde inauguró una muestra mi querida madre y me topé con una obra de alto impacto. Era una india desnuda y extasiada que sostenía una flecha con su mano izquierda. La tomaba de manera que la punta se clavaba en el pecho mientras echaba la cabeza totalmente hacia atrás. Me dio la sensación de que la mujer estaba escuchando un momento de esos bien fatalistas de alguna obra de Wagner. La escultura es de Luis Perlotti, está en el museo que lleva su nombre, se llama La danza de la flecha y está basada en rituales incaicos. Un romántico este Perlotti, pensé. Pero en realidad fui yo la que musicalizó mi contemplación de la india extasiada en su petit mort.

¿Cómo hablar de música, cómo explicarla o porqué? No podemos hablar de ella. Es intraducible. O bien, podemos explicarla dándole diferentes formas y así expresar la forma en que la entendemos. Dándole la razón a Nicholas Cook, nunca podemos hablar de la música propiamente, pero podemos proyectar de diferentes modos la manera en que pensamos en ella. Seleccionarla, pintarla, escucharla, bailarla, analizarla… nuestro modo de vivirla e interpretarla expresa la forma en que la entendemos, lo cual no es otra cosa más que eso: entender un tema musical es sencillamente entender ese tema musical, no entender alguna realidad externa que representa el tema musical.



En el Renacimiento se pensaba que la música, basada las leyes de la armonía, era el reino del espíritu, el reflejo de la armonía del mundo y que, por basarse en leyes naturales, nos fueron dadas por Dios mismo. Esta imagen es El universo concebido como un monocordio, de Robert Fludd, 1617. En ella puede verse cómo existen proporciones matemáticas que conectan las notas musicales con los planetas.




Escuchando nos abocamos a una exploración libre de nuestro inconsciente. Un momento de lo más individual, de pura y dulce armonía introspectiva, nos invade con sus desvaríos, nos pasea por sus escalas y nos hace alcanzar las regiones más profundas de nuestro ser a través de las relaciones fundamentales del sistema tonal, la tensión y el reposo.

Las explicaciones de Wilhelm Reich sobre la función del orgasmo son semejantes a las que los teóricos como Fubini, Dalhaus, los renacentistas y tantos otros nos dan sobre el sistema tonal y sus leyes de la armonía: Tensión, “las sensaciones de placer son tanto más intensas cuanto más suaves, lentos y recíprocamente armónicos son los frotamientos entre los compañeros”. Reposo, “las contracciones musculares involuntarias se hacen más intensas y más frecuentes y la excitación aumenta de manera rápida y abrupta hasta un punto culminante”.




La muerte de amor de Tristán e Isolda nos resuena en el núcleo accumbens. Un grupo de neuronas se encienden de placer y sacan al miedo de la cancha. De una manera absolutamente diferente a cualquier otra, la música se activa en nuestro cerebro permitiéndonos encarnar experiencias individuales, abstractas, intangibles y fugaces. Ya se trate de música absoluta techno minimal o de alguna melodía poplifónica tonal ultraclásica.

Dicho reicheanamente, las travesías melódicas nos hacen sucumbir como en el hecho orgiástico: La conciencia está totalmente ocupada por las percepciones de placer y el Yo se esfuerza por llegar al máximo de tensión. Como la música a Beethoven nos dejó la india, disfrutando sufriendo.


27 de abril de 2011

Experimento contra la extrema sojización


Cuando llegamos al cerco les dije a todos los que vinieron que podían hacer lo que quisieran durante el tiempo que duraría la experiencia. Esta hectárea de soja está justo al lado de la casa de Marcela y Pablo, en Balcarce. En este increíble lugar vinimos a pasar un finde con los mundioses y becados Mundo Dios. Desde la casa pueden verse las sierras que cruzamos para entrar en la nueva dimensión; y también se puede observar claramente, delante de éstas, la fábrica de papafritas McCain. Varios cruzamos el cerco por la parte sin alambre de púa. La tierra estaba algo húmeda por la tormenta de la noche anterior, pero no había barro sino en algunos charquitos perdidos.

Una vez hecho esto tomamos el tiempo según su unidad de duración conocida. Sabemos que en cosas así la temporalidad se vuelve maleable y escurridiza. Cronometrar para dar un pie a la práctica musical del campo de soja. Dar inicio con una acción consciente y voluntaria para que en adelante éstas se mezclen con las acciones no intencionadas del campo. Una preparación desde el latido del corazón (esta idea es claramente cageana) y una respiración profunda que nos abre los sentidos y el espíritu.

Hay por lo menos 19 millones de hectáreas plantadas con soja. Afuera, varios paisanos pasan a galope. Nos saludamos con la mano. Ellos un rayo con repiqueteos. Yo un torso borroneado y solo (esta podría ser la partitura).

Recorrer el plantío caprichosamente, esquivando los caminitos. Mis dedos al andar van rozando los extremos de las vainas. Es una caricia suave. A veces la palma se vuelve loca y la mano se hace la garra ágil, fuerte, certera. Con las muñecas voy atrapando los tallos. Tiro despacio para no romperlos. Quiero arrancar las plantas de raíz, lo que me mantiene totalmente atenta al empleo de la fuerza. Hacemos pandam de tallo y espiral. Como un abrazo cóncavo. Un regodeo de ejes libres donde nos suspendemos y nos balanceamos. No sé cuánto dura un instante. Después, exhalamos réquete flojas y oímos el cacareo de las hojas con el pasto. Al tallo lo perdonamos o lo revoleamos para que el viento haga lo que quiera con él. Esto no resulta dificultoso. Se trata solamente de pasarle bien la pelota, evitando elegir el rumbo.

Necesito estar en cuclillas, la posición del borramiento del lenguaje. En este campo además me hizo desaparecer para los demás porque al parecer las plantas de soja me taparon. Tres respiraciones más y nos quedamos completamente en cada aleteo, en cada accidente. Había dejado de pensar. Después fue hermoso ver a los demás jugando y salir corriendo a reunirme con ellos.












las fotos son de Santiago Ruau



27 de enero de 2011

Conversazioni Sobrevuela Performance




Durante la segunda mitad del 2010 estuvimos realizando, junto a Fabiana Rey, dos charlas sobre performance a las que llamamos Conversazioni Sobrevuela Performance, en la Galería Arcimboldo.

En estos encuentros intercambiamos ideas entre diferentes artistas, creadores e interesados en la performance. Participaron Pelusa Borthwick, Claudio Braier, Alfredo Rosenbaum, Laura Bilbao, Mónica García, Diego Melero, Patricia Porcel Vonderbecke, Ezequiel Romero, Anibal Veloso, Hans Wendel, María Brigliani, Gabriel Quaranta, Esilda Viale, Clara Torres, Mariana Furman, María Zorzon y Diego Estévez entre otros.

Compartimos experiencias, ideas, interrogantes. Hablamos sobre procesos de trabajo, el lugar que le damos al espectador. Algunas cuestiones relacionadas con el registro y los diferentes soportes, la recepción, el contexto y el espacio físico fueron asuntos significativos.

Para el 2011 haremos un ciclo de y sobre performance en la galería Arcimboldo, en el que además de presentar trabajos en diferentes formatos, nos proponemos continuar con un intercambio que nos permita conocer y acercarnos de una manera especial a los artistas y sus creaciones.



1ra CONVERSAZIONI





















2da CONVERSAZIONI
















19 de octubre de 2010

Prácticas grupales porque sí

Las experiencias como ésta no tienen para mí otra finalidad más que seguir afirmando la danza como fuente de goce. Valores agregados: incontables.

Un habitarse originado en la instancia puramente física. Partir, nada menos, que de la Ley de Gravedad. El propio peso del cuerpo, su dimensión, el lugar que ocupa en el espacio. Dejarse ganar por él y entrar en el piso. Volverse romo y blando. Como una pelota deforme de sustancia esponjosa.

No pensamos cada cosa que hacemos con nuestro cuerpo. Pero si lo estamos habitando, si lo estamos viviendo y todo eso que vivimos es atravesado por nuestro cuerpo, entonces las decisiones no pasan por una dimensión consciente. El cuerpo decide todo. Dejar que el cuerpo haga, sin que pase por una instancia reflexiva a priori. Como con nuestros actos reflejos, la reacción aparece sin que la pensemos.
Pero nuestro sistema nervioso también participa de nuestros actos inconscientes. Paradoja psicofísica: un hacer del cuerpo-mente desconectado del consciente. Un remolino de voluntades que interactúan en el presente.




La reacción que así se hace acto es la mejor, porque en definitiva, es la que es. Es en existencia, no en esencia (y así el moebius ontológico). Se entra en un estado de embriaguez bastante particular que nos regresa ciertos comportamientos primarios. Nos rescata los actos que olvidamos en otras etapas de desarrollo. Y desde este lugar, ir al encuentro del otro. De los huecos y superficies de los otros. De los pesos, los impulsos y recovecos que encontramos residiendo en el otro, habitándolo. Alteridad extrema. Ya no hay yo y otro u otros. Hay un desorganismo colectivo siempre viajando, fluctuando y modificándose que sabe que es imposible la quietud y que no podemos atrapar ninguna forma porque en el momento en que nació se desvaneció.


"La danza existe en un punto evanescente perpetuo porque en el momento de su creación se ha ido."

Marcia Siegel