16 de junio de 2009

Todas las formas de Florencia

Voy a ver espectáculos como si fueran invitaciones con reglas propias y únicas. Ir descubriéndolas desde el comienzo es un ejercicio que suelo disfrutar. ¡Todo me está diciendo algo! El espacio, la luz, los espectadores que me acompañan, el lugar donde nos ubicamos... ¡El clima también! Y tantas otras cosas, nimiedades, etc.

La invitación, a veces, es de lo más generosa y abierta, de manera que todos podemos, si queremos, relacionarnos completamente con la obra. Entonces participamos en ella desde el fondo de nuestra existencia presente, y la vivimos en relación con lo que somos en ese momento único, en ese lugar particular.

Cuando fui a ver Maneries, de Luis Garay y / con Florencia Vecino, tuve una experiencia significativa y especialmente feliz. De esas que no son nunca iguales. Generalmente elijo ubicarme en primera fila, lo cual reconozco que es un riesgo. Lo más grave que puede pasar, es que la experiencia no me lleve a ninguna parte y que me invada el aburrimiento. Pero incluso en estas ocasiones la puedo pasar bien si me lo propongo. De todas maneras, no es éste caso.

Ante nosotros, un cuerpo se presenta y se mueve casi de manera imperceptible. Nos identificarnos con él y nuestro pensamiento queda enraizado en ese cuerpo vivo. Experimentamos la interacción de ese cuerpo con el entorno. Percibimos la música a través de él. Viajamos en sus desplazamientos, en sus actitudes y acciones. Pero lo que resulta verdaderamente fascinante es que la presencia de ese cuerpo nos permite pensarnos de una nueva manera. Para pensar ¿necesitamos palabras? ¿No necesitamos, básicamente, un cuerpo? Ya lo afirmó Merleau-Ponty. Y creo que es desde éste lugar que podemos disfrutar verdaderamente de la danza. Este vínculo entre mente y cuerpo nos permite transitar miles de formas, y experimentar una batería de sensaciones de diferente tipo e intensidad. Fue así que, completamente absorbida por esas formas mutantes en romance con los bits y los colchones de sonido que ejecutaba DJ Mauro AP in real time, pude pensarme máquina, y luego volverme monstruosa y gutural, y después asociarme a la belleza única de un cuerpo desnudo y cansado moviéndose en el espacio, y luego volverme un perro enfermo vagabundo moribundo, y tantas otras cosas más. Un cuerpo vivo, una piel transpirada, un organismo respirando hondo. Todas las formas de Florencia implicaron un esfuerzo enorme, gozoso y doloroso a la vez. Pero sobre todo, resultaron de un trabajo de gran profundidad. No siempre se reciben invitaciones de este tipo, tan generosas, tan perfectas y tan simples a la vez. Un cuerpo solo que lo abarca todo y que nos llena de entusiasmo y de libertad.


12 de mayo de 2009

Altunamente



Durante el pasado verano trabajé intensamente en un mural con Carlota Cairo, ceramista de primera y además mi señora madre, ayudándola, decía, en la realización de un mural que le encargó la Municipalidad de Lobos. La idea era reproducir una obra del dibujante Horacio Altuna en técnica de cerámica 'de tercera'. Se le dice así a las piezas que ya visitaron el horno y experimentaron un contacto directo con el calor dos veces antes. En esta tercera cocción serán llevadas a 1150ºC, con posibilidad de revancha una cuarta. ¡Eso se llama tener temple!



Horacio Altuna y Altunamente, foto de Marcelo Rasquetti

28 de abril de 2009

Tiro al blanco: el espectador

¿Cuando estamos bailando nos preguntamos porqué lo estamos haciendo? Bailar nos da placer porque puede brindarnos una sensación de plenitud, de libertad.
Otras veces nuestra actitud alude al estudio, y esto puede volver la danza más atractiva. Apreciar el control permanente de nuestras acciones y movimientos perfecta y obsesivamente cronometrados.
Al bailar a veces conjugamos el goce con el estudio. Y al construir una obra, ésta puede preguntarse por sí misma, por su sentido. Cosa que pasa todo el tiempo en "Octubre, un blanco en escena", en la que un grupo de bailarinas y el director no hacen más que hacerse preguntas y arrojárselas al público que las recibe a veces atónito, otras confundido o avergonzado, pero bastante entretenido.
Bailamos porque no podemos hacer otra cosa: "Es imposible escuchar esta música y no bailar", dijo Vicky sin dejar de moverse. Después, al final de un impresionante solo de Florencia de poco más de dos minutos, Luis (el director) le pregunta "¿Qué sentís?". Y ella aclara que no sabría decir si se trata de 'emoción'... que en tal caso, de satisfacción por comprobar que el cuerpo le responde a cierta señal que ella envía con el cerebro. Pero 'sentir', no sentía nada, dijo.
La obra se pregunta, decía, por la propia representación, por los mecanismos de lectura del espectador, por la danza en sí misma. (¿La danza contemporánea es aquella que se pregunta por su propio sentido?) Así, aparecen los problemas de interpretación que surgen en el espectador siempre que participa de algún espectáculo de danza o de teatro. Dirección en la que ésta apuntó. Actitud arriesgada si las hay. Expuesta a tal punto que el propio director decide recibir él mismo las reacciones del público en escena. Este espectáculo se propone como un experimento divertido, al menos para sus intérpretes y creadores; y para no pocos espectadores. Sin negar algunos que, cuando tuvieron la oportunidad de participar con el nextel en la mano, también hicieron sus aportes: "¿Ustedes se creen muy inteligentes?".
A veces las obras no quieren que se interprete nada, sobre todo en la danza, con todas sus formas y posibilidades de abstracción. ¿Porqué siempre tiene que haber algo que haya que interpretar? ¿Cómo hacer para romper en el espectador este ejercicio, estos mecanismos con los que suele ver siempre todas las obras? ¿No es posible pensar, tal vez, que las obras, cada obra, tiene sus propios mecanismos de lectura, de interpretación? ¿Siempre hay que 'leer' algo? Festejo que se cuestionen todas estas cosas. Agradezco que me rompan el relato con un inesperado show de brillante virtuosismo (cuyos bailarines me extrañé de no ver en el saludo). Me divierte que hagan participar a la gente (en una obra de danza contemporánea, toda una sorpresa). Me atrae esa actitud de riesgo que sé que implica cada función, que comprobé en la que ví y que intuyo en todas las que no veré.

27 de marzo de 2009

halo de 'el mejor recital que vi en mi vida'

Fui de las y los que fueron a comprar la entrada ni bien juntaron la plata que fue bastante y claro que costó pero me dio terror pensar en no poder estar allí para verlo y por eso no me quedó otra.
Empezaron los queridos reyes del techno pop antes de lo que pensaba y apenas pudimos ubicarnos pasando la torre de sonido, que más atrás ya hubiera sido demasiado. Pero era de entender siendo parte orgánica de tanta ansiedad apretujada. En lo personal ya no me bancaba la musiquita reggae tan fuera de lugar para mí pero se ve que a los técnicos que armaban el escenario les gustaba y la consideraron adecuada. Hasta que todo había pasado y aparecieron los primeros sonidos y las luces verdes (no sé si eran verdes pero las recuerdo así) y ya sonaba 15 step. Oh mi dios, sentí que se me abría el pecho y me descubrí entonces ahí con todos los demás que como yo no pudimos ni quisimos no estar frente a esta banda que me viene cautivando hace ya diez años cuando compré Ok Computer disco que socavó mis noventas como a muchos de ellos quizá también o tal vez fue otro de sus discos. Guau. Cómo lloré. Cómo salté. Quieta no veía nada así que me la pasé en media puntas o pidiéndole a novio que me levantara de vez en cuando y también dando grandes saltos en los pasajes álgidos y potentes ya que de alguna manera daba es decir venía a ocasión y por suerte se empezaron a abrir algunos alrededor y tuve más aire para respirar. También disfruté mucho de alzar mis brazos en varios momentos pero los bajaba porque nadie me acompañaba en el gesto y no quería tapar a los de atrás ya que no era justo. Pero hubo un tema en el que sí estuvimos todos con los brazos volando y algunos hasta portaban encendedores porque el tema era Karma Police.
Hasta ayer anduve haciendo mis tareas y trabajos de siempre pero completamente aturulada a causa de tanta descarga y recarga de energía que vino a quedarme para siempre en el alma.

18 de marzo de 2009

School of Seven Bells

Fui a comprar el insecticida para la intrépida mosquita blanca del duraznero. Los días de más calor, en Jantin, mientras hacíamos el mural con mamá, fue como si estuviera nevando de tantas que había. Por todo el patio. Tienen el desplazamiento de los copos de nieve. Sin rumbo y a esa velocidad intermitente, esquizofrénica.

Como en las clases donde los modelos pedagógicos van de la mano y a veces se adelanta uno y quedás suspendida, ingrávida por momentos y por otros vas como loca.

Conseguí al ‘uno de los dos más altamente recomendados’ y ya lo tengo guardado para aplicarlo pronto. Y sacarle una foto al milagro secreto que plantamos en el centro del patio.

También me compré mi tan ansiado tomillo y una maceta de terracota donde ya se luce entre las otras amigas del balcón.

Pampita cruda