18 de febrero de 2007

Laninópolis

En algún momento el reloj pulsera desapareció y no lo pude encontrar hasta la vuelta. Qué cosa las cosas cómo se quedan donde se les da la gana. No quiso prestarse quizá. Se apichonó con tantas bandurrias y teros alrededor. Acampé frente al cerro Los Ángeles, en Bahía II, para subir al Chivo después del amanecer. Bien empinadito resultó. Casi en el límite entre bosque y roca, hasta donde me dejaron subir, aparecían los secretos. Los zapatitos de duende, los amancay, las frutillas. El vuelo oblicuo de las avispas y tantas pero tantas mariposas. Para no lastimarme los meniscos en el descenso, no hubo mejor técnica que la del culopatín. Fueron un hallazgo las criollitas con chocolate amargo de postre, mientras el fuego iba ganando su inusual lugar. Mirar el fuego. Pero tuvo que morir en la gloria porque ya estábamos para irnos a dormir. Buenas noches y gracias, astronave cometa. No sabía que podías ser tan claro. En Ecufué, que quiere decir cascada del diablo, encontré tierra amarilla. Camino de población Aila mucha caña, liebres, más mechay y rosa mosqueta, lagartijas ahí donde crujían las hojas y auténticos pájaros locos. Después Laguna Verde y el camino del Escorial, todo de suelo negro. Quise recoger arena volcánica del mismo Achen Niyeu, hasta que se metió una araña en la bolsa y me asusté. Mejor de lejos las arañas.
Frente a la plaza de Junín de los Andes hay un polirrubro, como un kiosco con muchas cosas útiles y algunas rarezas. En una caja encontré un libro de Ediciones de La Flor, Cuento N° 1 de Eugene Ionesco, con ilustraciones de Juan Marchesi. Yo lo había leído varias veces cuando era chica y volver a abrirlo fue como si se hubiera ejecutado un golpe de gong en mi caja torácica. Pagué los tres pesos que valía y me fui a la casa de María Cahuin para que vayamos a juntar arcilla al parque Vía Cristi (o Vía Crisis, como le decía Tato Corte). En realidad hay buena arcilla en toda la provincia. Lo que sucede es que hay que saber donde está. Así que con una pala llenamos dos grandes bolsas y después dejamos unas monedas en una plantita que había al lado, como hay que hacer.

8 comentarios:

nat dijo...

¡Qué bueno suena el viaje, y qué bueno sobre todo que siempre haya arcilla cerca!
Gracias

Anita dijo...

Guaauuuuuuu!!
Qué buena experiencia!!
Me encanta como escribís.
Es como estar leyendo adentro de tu cabeza, que es super sensitiva!!
Kisses!!

María Delia dijo...

Rena linda:

Todo lo que hiciste para traer esa arcilla! Hermoso relato, miles de besos,
Delius.

luna pugliese dijo...

Hola, Nat! que bueno que me visites. Hace unos días me respondiò Tato y me dijo que estuvo en Aucapán, que es una comunidad mapuche de Junin de los Andes, con tradición alfarera que se había perdido. Pero ahora parece que la nieta de la alfarera se puso a aprender. Todo un rescate, no? Besos!

luna pugliese dijo...

hola, Anita! qué bueno que te haya gustado. Pido disculpas por no haber respondido antes. Está de más decir que está buenisimo tu blog. Lo visito mucho. Besos!

luna pugliese dijo...

Gracias Delius! Y la tengo en casita. Van a venir los chicos y vamos a hacer pruebas. Va a estar divertido! Me encantan tus últimos dibujos, ya te lo dije. A ver si vamos a ver la princesa Mononoke con la Ñaña, no? Ya lo agendé. Otros miles de besos pa tí!!!

luna pugliese dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
luna pugliese dijo...
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