12 de noviembre de 2008

'soy el tipo de persona que elige actuar de este modo'

Cuando bajamos la escalera para entrar a la sala más grande del CCC, el performer estaba mezclado con la gente de la cola, saludando a uno por uno con un beso y un apretón de manos, diciendo cosas cálidas en un inglés jocoso completamente inentendible para mí. Llevaba camisa y corbata y los pies desnudos. Su solo fue el espectáculo más lindo que vi este año. Duró algo así como una hora en la que hizo todo lo que se le ocurrió, bailó, acarició el aire, dijo montones de cosas que traducía Alejandro sentado delante del micrófono, siempre conectado con los que estábamos allí, recibiendo.

Grandes y buenos aprendizajes nos dejó este señor generoso, despierto y curioso a quienes tuvimos la alegría de participar de sus clases en el marco de los Seminarios Internacionales organizados por el Instituto de Investigación del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA.

Centrar el trabajo en el cuerpo como fuente de goce es una premisa fundamental de cualquier aprendizaje, sobre todo artístico. Ya lo dijo Ana Itelman y tantos otros. Pero a veces nos olvidamos de esto. Tal vez porque como bailarines fuimos formados técnicamente a fuerza de sacrificio y golpes. Con la única meta de parecernos lo más posible a algo inalcanzable como es un ideal. Ante este tipo de aprendizaje técnico, reconocer los logros y el disfrute dificilmente podía considerarse una actitud positiva.

Por eso le agradezco, señor Andrew Morrish, que después de cada ejercicio, por sencillo que fuera, nos haya dado unos minutos para pensar en las cosas que más nos gustaron e interesaron del trabajo. ¿Cómo pudimos olvidarnos de algo tan simple?

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