30 de mayo de 2010

práctica con arrebatamiento esquizo domingueril

el invierno es para recostar las entrañas un rato, hacerse bolita delante de la estufa a gas que ronronea y que hipnotiza
para jugar al librepensador kinético que sucumbe a todos los excesos (a veces molesta un poco la lámpara al revolver el aire, bailar a cielo abierto es otra cosa)

y ahora, desde dentro, como una mordedura tajante, sublevado, el contacto
lo insignificante es tan grande como cualquier otra cosa
(¿Existe algo más insignificante o más importante que un contacto?)


¡NO! ¡ESPERA! Voy a decirte lo que pasó (al oído, algo sobre el fin de la filosofía tradicional - lo que nos hace pensar en la caída del muro de Berlín - y sobre las arengas a favor de la hipertrofia de la mente y el abandono del cuerpo) se rompió la cadena de hierro ontológica, ya no hay límites entre espíritu y materia

EL ALMA NO ES MÁS QUE EL CUERPO Y EL CUERPO NO ES MÁS QUE EL ALMA ESO FUE LO QUE PASÓ

nos desborda un ritual obsesivo de torbellinos y saltos y giros
y bailamos la conquista de un mundo confuso de sensaciones enraizadas en nuestro cuerpo vivo
necesita digerir, dormir, excretar, sudar, ensuciarse, lastimarse, caer enfermo

se aprende mucho más de ciertos poemas que de las ciencias económicas o el psicoanálisis

el invierno es también para abrazarse a la práctica oportunista que nos deja irrigados de deseo de adentro y de afuera



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