25 de septiembre de 2007
Scintilla
La madre apoyó la torta en la mesa del comedor. Era un lugar chiquito y cálido. La lluvia seguía espesa, pero como hacía calor abrieron la ventana del pasillo. La menor fue la primera que la vio. Soltó un grito agudo y corto. “¡No la toquen!” dijo la madre, mientras sus nenas se abrazaban muertas de miedo y fascinación. La burbuja de fuego paseaba oronda por la sala, ingrávida y peligrosa, con sus manchas ardientes. Siguió después para el cuarto contiguo, más grande y más oscuro. Allí se fue desgajando, arrugando y apagando como una mariposa agónica. Ellas no vieron como perdía altura y ganaba rincón y ceniza. Lucecita de casi nada. Visita aventurada que no existe.
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8 comentarios:
derepente un recuerdo, y despues uno menos recuerdo q se yo mas musical...pero dentro del mismo mundo supongo..
Preciso, sutil, sensible, imposible no armarse una escena fantástica con tan sólo un parrafito, me recontraencantó, cada vez mejor!
...ganaba rincon y ceniza...
debo estar en ese mismo inconciente juego?
Toda mi vida, para definir la palabra: vertice
hola, Joaquín, me intriga su recuerdo musical, no me lo cuenta?
beso.
Oh, pero muchas gracias, Monsieur Jotapé. lo felicito nuevamente por su blog. vio que me perdì la noche aquella rockera x unos japoneses locos que bailaban hiperlento? bueno, igual estuvo màs que bueno, por suerte (aunque al tano no le gustó, y bueh).
hasta pronto!
mucho gusto, Ionito, es interesante eso de definir las palabras, disfruto mucho leer y encontrales nuevos sentidos, ejercicio placentero este.
qué bonito escribe Ud. saludos!
hola luna, son recuerdos musicales, asi de los q no te quedaron palabras, sino mecla de imagenes y tonos musicales asi...como mas viaje
beso.
cuando los recuerdos entran así, como de coté, pareciera que se vuelven de a poco una avalancha de exaltación, a mí a veces eso me pasa, sobre todo desde que entré en la tercera década.
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